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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Hidalgo e Iturbide: ¿Merecen el mismo reconocimiento?

Con profunda curiosidad a lo largo de los años me propuse debatir muchas veces esta premisa que ahora hago pública con motivo de los festejos del ya muy escuchado Bicentenario del Inicio de la Independencia de México.
¿Acaso Miguel Hidalgo siempre será el Padre de la Patria y Agustin Iturbide nunca podrá ser reconocido como aquella persona que culminó con las luchas por la independencia nacional?

Miguel Hidalgo fue el personaje que dio el grito de levantamiento de armas en la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Un movimiento que ideológicamente había comenzado dos años atras con otras conspiraciones anteriores a la de Queretaro, como la de Valladolid por citar una. Hidalgo inicia la lucha armada pero jamás la culmina, pues muere fusilado en Chihuahua en 1811 al igual que Ignacio Allende y Juan Aldama.

Agustin de Iturbide es el personaje histórico que peleaba en contra del ejército insurgente que en su momento estaba comandado por Vicente Guerrero, gracias a los acuerdos que estos dos suscribieron a finales de 1821 fue que pudo culminarse la anhelada búsqueda de la independencia del país.

Hidalgo comenzó la lucha de independencia e Iturbide la culminó. ¿Merecen ambos el mismo reconocimiento? ¿Nos vamos a quedar solo con los héroes o las historias que nos cuentan en la escuela y que muchas veces carecen de argumentos o de pruebas fidedignas para su comprobación?

Ustedes tienen la última palabra.




martes, 14 de septiembre de 2010

Bicentenario: Lo que debemos y no debemos festejar.

Ha llegado la fecha, ha llegado el momento, parecía tan lejano el día en el que se cumplirían 200 años del inicio de la lucha por la Independencia de nuestro país que, irónicamente; en un principio lo que se pretendía era lograr una autonomía con respecto a España y no precisamente alcanzar la independencia como tal. Autonomía e Independencia son cosas parecidas pero no iguales.

México está por llegar al día 16 de septiembre y como lo hemos venido observando, escuchando y hablando, todo en éste 2010 ha sido Bicentenario, que el torneo de fútbol del Bicentenario, que la autopista del Bicentenario, el Arco del Bicentenario etc etc...

Pero debemos ser un poco más profundos y reflexivos en éste mes y en éstos momentos que estan los festejos a la vuelta de la esquina. Inmediatamente me surge una pregunta y es la siguiente: ¿Qué es lo que realmente debemos y no debemos de festejar?

Una nación que al igual que hace 200 y 100 años se encontraba sumida en una turbulencia social se prepara para festejar el grito de la Independencia como cada año, pero en ésta ocasión es especial. Hace 200 años comenzaba en forma fáctica la lucha por el anhelo de libertad en manos de gente de pueblos en el Bajío comandados por el cura Miguel Hidalgo. Hoy, en pleno siglo XXI nos encontramos ante una gran incertidumbre, que si somos un Estado Fallido, que si somos un país en manos del crimen organizado, que si vamos en camino a ser como Colombia en el tema del narcotráfico entre otras cosas.

Lo que debemos festejar es que somos un país rico en culturas, en recursos naturales, en contar con una privilegiada ubicación geográfica, que contamos con paisajes y parajes naturales dignos de admiración por parte del mundo entero, que nuestras ruinas arqueológicas, templos y ciudades coloniales son un ejemplo de multiculturalidad. Que nuestras grandes ciudades tratan de ser más destacadas en el plano internacional y... ¿qué mas?

Desafortunadamente hoy en día son menos, mucho menos las cosas positivas por las cuales festejar y celebrar el Bicentenario tan famoso que mediaticamente se ha venido presentando en los últimos meses.

Hace 200 años la nación era tan desigual como ahora, quizás menos, pero los privilegios y acomodos de una clase o elites eran fuertemente marcados tal como hoy en día.

Lo que no debemos festejar es que somos un país flojo, corrupto, donde la clase política en lugar de servir al pueblo y buscar el consenso para alcanzar acuerdos en beneficio de México, primero se dedican a velar por sus propios intereses. Un México donde se tiene que hacer trampa para avanzar, donde se le mete el pié a quien está triunfando para no dejarlo destacar, un país de gente que ya no cree ni en sí misma, que cuestiona todo y critica por criticar, que no lee, que señala los defectos pero hace muy poco por corregirlos o revertir la situación. Un México donde su gente espera y cree que los milagros o la gracia divina los sacará de la pobreza, donde vale más hacer las cosas al aventón y sin visión a futuro.

Un pueblo que teniendo tanta riqueza en flora y fauna la desperdicia, la malbarata, la destruye sin pensar en las próximas generaciones; mexicanos que solo les importa el aquí y el ahora, que siempre se encuentran divididos por colores políticos, regionales y de piel, un país que dice sentirse orgulloso de sus raíces, fiestas y alegorías pero que en un momento determinado se siente menos ante la presencia extranjera.

Un país que busca el camino fácil para realizar algo, que inventa pretextos y no asume responsabilidades, que prefiere el dinero a la trascendencia intelectual, que se queja siempre del gobierno pero no hace nada por cambiar su realidad, un pueblo que culpa a la historia y a otros países de la propia desgracia y situación actual.
No podemos festejar cuando nuestro México está en manos de grupos criminales que han puesto en jaque a nuestras ciudades y sociedad en general, o que nos dejamos llevar por la basura comercial que la televisión y otros medios nos ofrecen como contenido de calidad.
No debemos festejar cuando a nuestros héroes desconocidos los convertimos en villanos y visceversa, o cuando por ignorancia nos quedamos con lo que nos venden como historia oficial. Cuando dejamos de lado los valores y exclusivamente vemos por nuestro propio bienestar en todo momento.
Ha llegado el momento del Bicentenario y en unas semanas más el del Centenario, las 2 celebraciones más importantes alusivas a la Independencia y Revolución de México que nos tocarán vivir. Pero ha llegado más el momento de cambiar, de hacer el esfuerzo por ser mejores personas, compañeros de escuela, trabajo, vecinos, ciudades etc. El ver por nuestro propio bien no debe estar peleado con el de los demás, debemos ser un pueblo más unido, preparado y culto con la finalidad de hacerle frente a los retos y desafíos tanto internos como externos que se nos presentan y seguirán presentando.

Ha llegado el momento de superarnos de vencer en la lucha contra la indiferencia, la xenofobia, la ignorancia y nuestros complejos. De tomar las riendas de nuestro destino y comenzar a forjar una nueva nación independiente de sus limitaciones y atrasos muchas veces utilizados como pretextos para destacar. Necesitamos creer en nosotros y comenzar a trabajar juntos con un solo objetivo, nuestro progreso. Debemos olvidarnos de que en otra vida seremos recompensados por nuestros actos y actuar hoy en día.