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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Italia y el primer amor a una selección

Confieso que todavía no puedo superar del todo la eliminación italiana del Mundial de Rusia 2018, un trago muy amargo y una espera bastante larga por venir



Corría el año de 1990 cuando cerca de los 8 años y ya tomando cierta consciencia de las cosas que me rodeaban, comencé a ver muchos anuncios en la televisión que señalaban y patrocinaban un evento futbolístico a desarrollarse en Italia durante el verano.

Si bien mi gusto por el fútbol había nacido con total seguridad un año antes mientras se jugaba la temporada nacional 1989-1990, y siendo capaz de distinguir equipos, jugadores, aficiones y estadios, este nuevo evento internacional significó algo que nunca antes había visto. Se trataba de la Copa del Mundo.

Nunca antes me había fijado en un partido de fútbol internacional a nivel selección, no recordaba nada de la Eurocopa de 1988 y mucho menos del Mundial de 1986 que se jugó en mi país. Se puede decir a fin de cuentas que mi primera vez en una Copa del Mundo sería la que se celebró en el país de la bota hace 27 años.

Llegó la fecha, el día de la inauguración, un marco esplendoroso, el Estadio Giuseppe Meazza de Milán parecía una obra fantástica, futurista, nunca me había impresionado tanto ver un estadio de fútbol con ese diseño enrejado en el techo y las dos pantallas gigantes de televisión colgando, rodeadas de banderas de todos los países participantes. Sin duda alguna se trataba de algo grande, algo especial, algo por lo cual los italianos se habían esmerado en todo, desde la renovación de sus sedes hasta la publicidad y los artículos alusivos a la justa que podías ver en álbumes, pines, productos caseros etc.     

Goooooooooooooooooool!!! - ¿de quién, de quién? - me preguntaba, mientras escuchaba en la radio de un taxi urbano la narración eufórica de la primera gran sorpresa que se daría en ese torneo, la victoria de Camerún sobre Argentina de Diego Armando Maradona. 

Recuerdo haber visto alguno que otro partido de dicho Mundial pero sobre todo algo me llamó la atención para siempre. Un equipo con playera color azul rey, elegante, profundo, intenso; que tendría el rol protagónico por ser el anfitrión del torneo. Italia.

Yo no comprendía muchas cosas y una de ellas por ejemplo; fue el porqué México no jugó dicho Mundial. Mis tíos se encargaron de explicarme las razones pero yo no entendía bien el fondo del problema, no obstante me deleitaba viendo los partidos de la selección italiana que tal vez por las emotivas narraciones, los colores de su bandera similares a la mexicana o por ser los locales, me atrapó al instante.

A falta de un representativo de mi país en aquél Mundial, tuve que adoptar y apoyar a otra selección que por causas del destino fue la escuadra italiana. Seguí algunos de sus juegos y poco a poco comencé a contagiarme de su estilo, ambiente y triunfos comandados por Salvatore Schillaci, quien me inspiró para ser el goleador de mi cuadra mientras salía a jugar con los vecinos. De igual forma me gustaba el rol de portero y aquella imbatibilidad de Walter Zenga, se convirtió para mi en otra referencia poderosa que me motivaría a lanzarme por el piso y las calles cual si estuviése defendiendo la portería transalpina.

Schillaci y Zenga, mis primeros ídolos, y fue entonces que me aprendí gran parte de la plantilla que estaba compuesta por Bergomi, Agostini, Maldini, Di Napoli, Carnevale, Serena y Gianluca Vialli entre otros.  

"Italia en semifinales", todo mundo coincidía que la final ideal sería contra Alemania, el otro equipo poderoso que llegaba a dicha instancia ganando casi todos sus partidos y lo mejor, convenciendo. Sin embargo Argentina acabó con el sueño aquella noche en Nápoles. Empate a un tanto y primer gol concedido por Zenga y luego los penales, mi equipo quedaba fuera y el torneo se frustraba para toda una nación que esperaba el cuarto campeonato con gran confianza y emoción.

El Mundial terminó, aquella aburrida final entre Alemania y Argentina jugada en el Olímpico de Roma se decidiría por un penal que honestamente no lo vi, pues preferí salir a jugar con mis amigos siendo yo el "representante" italiano de mi cuadra. 

Tardaron otros cuatro años en poder ver un juego del equipo azul en una Copa del Mundo, en cambio a México, no lo vi por primera ocasión sino hasta una serie de partidos amistosos por Europa en 1992, donde enfrentarían a grandes selecciones como España, Alemania e Italia.

Soy mexicano, pero apoyo, festejo y sufro las participaciones de Italia en cualquier torneo que disputen. Mi primera referencia a nivel selecciones nacionales fue esa selección por el simple hecho de que me tocó ver su Mundial en el cual por desgracia, el representativo de México no pudo participar en el. 

Apoyo a ambas selecciones como a ninguna y cuando han llegado a enfrentarse me ponen en un gran entredicho. Casi siempre termino apoyando más a los europeos no por malinchismo, sino porque cuando se han dado tales enfrentamientos han sido ellos quienes más han necesitado de un buen resultado y porque generalmente han llegado más lejos en los torneos. 

Italia significó desde aquél Mundial ser para mi la selección europea favorita y a partir de ese momento, supe lo que era gozar sus victorias y sufrir amargamente las derrotas, como aquella final del Mundial de Estados Unidos 1994, cuando Roberto Baggio voló su disparo que a la postre, le daría el triunfo a los brasileños. 

Eliminación en la Eurocopa de 1996 en fase de grupos, falla en la definición de los once pasos en los cuartos de final vs Francia en el Mundial de 1998, La tristísima final perdida en los últimos segundos de la Eurocopa del 2000 cuando ya festejaba la victoria, el muy lamentable episodio de Japón y Corea 2002 cuando quizás con el mejor plantel que ha tenido en su historia, la selección italiana fue vilmente acuchillada por el arbitraje en los octavos a favor de los anfitriones coreanos; fracaso rotundo en el europeo de Portugal de 2004 sin poder pasar de ronda inicial y solo hasta la justa mundialista de Alemania en 2006, significaría para mí el fin del sufrimiento y la gloria de ver campeón a mi equipo favorito.

Del 2006 al día de hoy no ha existido ningún éxito, y aunque Italia fue subcampeona de la Eurocopa de 2012 eso significa fracaso. Porque un equipo de esa historia y tradición no hay otro logro verdadero que la obtención del campeonato. 11 años han pasado desde que Fabio Grosso metiera el último penal en esa final vs Francia y de que Cannavaro levantara la Copa en el Olímpico de Berlín.

Nadie en ese instante podría creer que los italianos no volverían a celebrar ningún título y que solo serían testigos de eliminaciones tempranas en Mundiales y Eurocopas sucesivas. Peor aún, el pasado 13 de noviembre quedarían fuera de la Copa Mundial de Rusia culminando así el tobogán de fracasos que desde el 2006 han venido presentándose.

Me duele mucho ver fuera a Italia de un Mundial. Irá México sí, pero no es lo mismo. Jamás imaginé que presenciaría el día en que la escuadra azul no participaría de una Copa del Mundo. No sé que va a suceder a futuro, pero quisiera creer que Italia deberá empezar desde cero y resurgir. 

Italia debe ser siempre protagonista y regresar a los primeros planos. El horizonte es amargo, gris y lejano, el Mundial de Qatar 2022 queda muy distante. Antes quizás la Eurocopa del 2020 pueda ser el primer paso, pero honestamente falta mucho para volver a hacer competitivo a este seleccionado. Italia debe volver y ganar títulos nuevamente, pues el 2006 ha quedado lejos ya y siendo realistas, solamente ha sido una isla en medio de muchos océanos de fracasos.



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